miércoles, 26 de febrero de 2014

Pura droga sin cortar

- Hágalo, hágalo de nuevo!
- No sé si puedo! no sé que parámetros he metido, esto es muy difícil de configurar y está en beta.
  No se si deberíamos seguir...
- ¿necesita que firme en algún sitio para eximirle de responsabilidad? ¡¡¡ HÁGALO !!!
- Le digo que no sé si podré, he puesto varios parámetros en la consola, ha ido dando errores de inconsistencia,  he cambiado cosas, y por fin ha tirado, pero no tengo ni idea de porqué. Le dije que sólo podíamos probarlo  un poco por encima... podría haberle matado! quien sabe...
- pues no esperará que le pague ni que le traiga otros clientes...

Se levantó de la camilla y desconectó los bornes anticuados y oxidados de sus conexiones de grafeno de última generación. Aquel estúpido buscador de 'placeres', hasta las orejas de heliovoltios y parches de a saber qué, estaba muy excitado.
Realmente yo no tenía ni idea de lo que le había metido en la cabeza. Era un prototipo robado de MedicalReingenier.
A mis manos llegan muchas cosas valiosas que la gente no sabe utilizar. También llegan personas muy extrañas que no sé como se enteran de mis adquisiciones.
La información está en el aire, supongo.
Yo solo hago pruebas y busco posibles compradores. Pero no soy un camello de tecnología.
Hace tiempo decidí que no pesara en mi conciencia nada de esto, así que simplemente robo tecnología más o menos segura, que las compañías esperan a publicar según la futurible demanda sea rentable o no, y la vendo al mejor postor, rápidamente.
Lejos está el tiempo en que me forraba con los virus de implantación de personalidad.
Pero ahora el mercado sumergido, las necesidades ocultas de la gente, son muy diferentes.

- Pero entonces, ¿qué ha sentido?
- hummmm, creo que NOSTALGIA !
- ah ....

Me sentí un poco decepcionado. La gente describía las sensaciones con anacronismos que no me decían nada. Tampoco sabía muy bien que quería obtener con esa pregunta, casi todos los que venían a mi
buscando alguna cosa, acababan con esa mierda del 'cansancio o del aburrimiento de la felicidad'.
El anodino sistema social que habíamos creado, de manera consensuada, había acabado con la felicidad a base de quitarle su necesario contrapunto.
Todas esas emociones "dolorosas o desagradables" estaban envueltas en una espesa niebla para nosotros los posthumanos. Sabíamos que habían existido, pero jamás las habíamos experimentado.

Desde las más simples como la ira hasta las más complejas como el miedo existencial habían ido desapareciendo a través de mejoras y cambios fisiológicos, psicológicos y sociales.
El posthumano no tiene miedo a morir, simplemente se aburre de vivir.

La nueva moda se gestó con los coleccionistas e investigadores.
Éstos comenzaron a almacenar y procesar la información referente a los humanos de los siglos XX - XXVII, a través de información almacenada en las antiguas máquinas de soporte. Encontraron una estructura bastante compleja de comunicación e intercambio de información: redes sociales, mensajería instantánea, correos electrónicos, búsquedas comunes, foros, galerías autobiográficas...
Con esa información empezaron a crear los perfiles de esos humanos y se maravillaban de los enormes huecos en la consistencia de su psique. Lo endebles y frágiles que eran, la capacidad tan pequeña con la que contaban para procesar y entender sus propios cambios y evoluciones psicológicas. Y el mínimo común divisor: la búsqueda de la felicidad entre tanta desesperación.
Era como ver el instante en que un copo de nieve, tan complejo, único y precioso, se disuelve creando una gota igual que todas las demás.
No sabíamos porqué, pero esas sensaciones se nos antojaron emocionantes y renovadoras, y toda la gente anhelaba sentirlas.

Así que desde un montón de empresas de RV y de ingeniería de la salud mental, se empezaron a realizar estudios y aproximaciones para dar cobertura a la nueva necesidad social, volver a sentir lo que se nos había arrebatado para poder ser felices: el dolor, la tristeza, la congoja, la pena...

La felicidad es un ciclo de pretensiones.
Las expectativas son falsos amigos.
La curiosidad por conocer lo desconocido es sin duda uno de los placeres más puros.

Toda esa información empezó a ser morbosamente interesante para muchos posthumanos y se creó un espacio bastante grande en los mercados negros para traficar con ella: una nueva droga se había gestado, soportada por una nueva necesidad: entender qué se siente cuando uno es inestable emocionalmente.
Los jonkis de la tristeza empezaban a vagar por las calles.
Empezabas a ver gente caminando sola, cabizbaja, ensimismada.
Otros, con menos heliovoltios que gastar en el mercado negro, buceaban en otras sensaciones también nuevas para nosotros. Así nació también una moda menos aceptada socialmente: Painwave, el arte de la tortura. pasar hambre, lacerarse, cortarse algún miembro no cyborizado. Es un ejercicio realmente complicado para un posthumano, por lo que necesitas modificaciones en los centros mejorados de nociocepción. Deshacer las mejoras implantadas: una nueva moda peligrosa.
Empezó a haber muertes no justificadas ni solicitadas, se generó un ambiente turbio y oscuro, pero también se empezaron a crear obras de arte nuevas y espectaculares. No necesitabas ningún plugin para aprehenderlas.

Mis pensamientos se diluyeron con el siguiente "cliente", una muchacha muy joven que entró por la puerta y me miró largamente a los ojos. Sus ojos chispeantes contenían curiosidad infinita y seguridad. Se tumbó en la camilla sin que la dijera nada. Conectó los bornes a sus terminales. Cerró los ojos por un segundo, pude ver los implantes oculares externos bellamente maquillados: estaba observándome mientras se hacía la dormida. Sin mover ningún músculo más de los necesarios, me dijo:

- Hazme daño, si puedes.

De alguna manera indirecta, esa frase se coló por alguna puerta trasera de mi módulo de control de excitación y lo que no terminé de hacer con aquel papanatas que había entrado primero, fue mi único objetivo en ese momento.
Quería darle a esa chica lo que me pedía, pero realmente no sabía si sabría hacerlo.
No conocía aquella sensación que buscaba, no entendía demasiado bien como se manejaba aquel software, solo quería que ella me trajera de vuelta una buena explicación de lo que se sentía, y de paso aprovechar para que me lo contara en una cita que tenía una perfecta justificación.
Conecté el visor del programa a mi cabeza y jugué con algunas parametrizaciones. El lenguaje de querys no era muy claro pero más o menos podía entender que había diferentes rangos e intensidades. Lancé varias peticiones y de vez en cuando me quitaba el visor para ver sus reacciones: NINGUNA.
Su cara no emitía ninguna emoción.
Seguí lanzando más y más, subiendo intensidades y cambiando parámetros hasta que oí un ruido extraño.
Cuando me quité el visor, vi a la chica incorporada en la camilla con el vómito resbalando por su hermosa barbilla, y mirándome con sorpresa y una expresión que mi módulo empático no supo descifrar.

- Oye, ¿estás bien?
- No lo sé. Nunca me había pasado esto.
- ¿qué has sentido?
- Según he leído, esto que he vivido sería pánico o repulsa. No lo tengo muy claro.
- Parece que sabes de lo que hablas.
- Llego investigando desde hace tiempo...


Observé que la tonalidad de su brazo izquierdo todavía no se había mimetizado completamente con el resto de su cuerpo, así que supe en ese instante que era una de esos painwavers que había cortado uno de sus brazos. La idea de tener una cita con ella me pareció ahora un poco peligrosa.
Pero sin duda en la pelea entre mi curiosidad contra mi voluntad, yo apostaría por la primera.

- Quieres contármelo mientras consumimos algo?
- De acuerdo.

Cerré el tinglado y salimos a un centro de consumo cercano.

Me habló de un montón de cosas: tenía una hermana pequeña, que había desaparecido hacía relativamente tres meses, con un problema de adaptación psicológica bastante fuerte. La pobre había nacido con un cerebro todavía inmaduro y con demasiadas trazas humanas. Así que esas emociones que eran inalcanzables para nosotros, su hermana las podía sentir.
Ella había estudiado desde que se enteró del problema de su hermana, y ahora estaba buscando pistas de donde podría estar, a través de una investigación de campo: quizá si seguía sus emociones, podría encontrarla.
Me contó que la pequeña hermana estaba suscrita a un programa psicológico que, en su opinión, había acabado por joderla aún más, así que también estaba buscando al responsable de esa RV terapéutica.
De repente en medio de la conversación frunció los labios y las cejas, cerró los ojos y se tapó la cara.
Me dijo que no se encontraba bien, y que iba un momento al reservado.

Pasaron suficientes minutos como para saber que algo no iba bien, así que le dije a un androide que se introdujera en el baño para buscarla. Antes de que el androide entrara en el reservado, yo ya había salido corriendo hacía mi sala de pruebas para ofuscar todo el software de MedicalReingenier... Sabía que a esa chica le había pasado algo debido a lo que le había metido en la cabeza, y no quería que me relacionaran con nada de eso.

Después de hacer una limpieza exhaustiva me dirigí de nuevo al centro de consumo. Encontré al androide rodeado de agentes en la puerta.
Me hicieron algunas preguntas, pero el caso quedó cerrado bastante rápido: era una de esas painwavers  y se había metido un chute de dolor que no había sabido aguantar. Yacía en el reservado con la cabeza metida en una de las válvulas de carga de energía para tecnomascotas y olía a plástico quemado.
Por lo visto, según el término técnico de los agentes, se había suicidado.
En sus manos, crispadas por el rigor mortis, aparecía parte de su bello cabello, que había arrancado de manera violenta.

Los agentes, puros ejemplos de la eficiencia, cerraron el informe en el segundo y se marcharon.

Me dirigí con rumbo a ningún sitio, hacía la salida, cuando el androide al que había avisado se me acercó por detrás y me dijo "no pude evitarlo!" y me entregó un plug de memoria, enredado en una maraña de pelos.

Lo metí en mi bolsillo y salí de ahí con aire circunspecto: la droga era buena, solo tenía que aprender a cortarla.

lunes, 10 de febrero de 2014

Laberinto sin salida

- Hola, buenas tardes, por favor, pulsen el enlace de privacidad en sus consolas y realicen la autenticación para unirse a esta reunión. Bienvenidos.
- Gracias.
- Empezamos?
- Sí, creo que no son necesarias presentaciones... 
- Bueno, solo una quizá: doctor Bohmar, es el psicomatemático que planteó el experimento.
- Buenas tardes, señor Bohmar.

Bohmar miró uno a uno a aquellos auditores, tratando de descifrar quien les estaría pagando. Si lo supiera con certeza, no le sería difícil adaptar su comportamiento de una manera u otra, para que se sintieran cómodos y tranquilos, y le dejaran en paz.
Los auditores de seguridad comercial virtual siempre están pagados por una gran corporación. Al fin y al cabo los conceptos de bien y de mal pertenecen a dios, y hoy en día DIOS es el acrónimo de alguna corporación.

- Si es tan amable, háganos un pequeño resumen del funcionamiento y del objetivo del experimento.
- El funcionamiento es, como el de todos los experimentos, la toma de datos y su paso a gráficas de contraste.  El objetivo es saber si diferentes grupos de pertenencia de los detectados, normalizados y listados en los centros de relaciones humanas, tienen "capacidad de mutación".
- En concreto, ¿para qué le solicitaron este experimento?

Meditó su respuesta, de hecho, eligió una de las posibles respuestas a esa pregunta, que tantas veces se había planteado. La verdad era simple: curiosidad. Más sinceramente, sacarse una espina del costado. Sin embargo optó por la corporativa:

- Ya saben que nuestro holding tiene diversos productos para muy distintos clientes. Queríamos saber la capacidad que  tendrían éstos de adaptarse a las pequeñas variaciones de los producos, para finalmente "VENDERLES TODO A TODOS", sin que se dieran cuenta realmente que ese algo diferente y especial que están comprando, es el mismo producto en todos los casos. De igual manera queríamos testear si la información que obtenemos a través de las CCH sobre nuestros clientes es correcta, concreta y está actualizada.
- Entiendo

Rió por dentro. "Entiendes?, seguro que lo entiendes... es una mentira, ese lenguaje lo entendéis muy bien"

- Por favor, continúe. ¿se trata de un experimento real o virtual? Es decir, ¿utiliza a personas físicas o a reproducciones digitales?
- Son todo simulaciones digitales 

Mintió de nuevo.

- De acuerdo, para pasar a valorar el estado moral de su experimento, necesitamos el dosier del análisis y la memoria completa del experimento. También los tratados de calidad ISO2399/85 e ISO-UA56755.
  Por favor, si es tan amable de enviarla a este servidor...

Le envió una dirección a su consola personal y Bohmar realizó el envío automáticamente.

- Aún así, ¿podría describir más o menos el experimento?
- Desde luego. 

Se aclaró la voz. Tomo una pose académica y mirando a un punto por encima del dispositivo de grabación comenzó:
 
Los soltamos a todos en el mismo laberinto virtual. 
Cada uno empieza por "una puerta". 
La recompensa, claro, no es un plato con arroz, es que se encuentren unos a otros.
El laberinto siempre tiene solución, para todos los grupos.
El estudio se basa en saber hasta que punto la complicación del recorrido, y los "falsos destinos", hacen que no cumplan el objetivo, y estudiar de paso los diferentes grados de adaptación a las distintas situaciones.

Por tanto, el éxito es que todos los individuos queden agrupados, ordenados, según un patrón. 
El patrón es un dato que extraemos de los centros de conexiones humanas, como sabrá sus mindmiches están especializadas en clasificar personas para unirlas en grupos de relaciones consistentes. Queremos saber si las máquinas están bien calibradas con experimentos como estos. Y aprovechar la información colateral para mejorar nuestros sistemas de ventas.

(En este punto, se paró para autoconvencerse de que ese era el objetivo)

Inicialmente son varios individuos, cada uno clasificado, para resumir, por un color. 
Nosotros sabemos que color tiene cada uno. Ellos no.
Así que al entrar en el laberinto, todos se ven, a sí mismos y a los demás, grises. 
Otra cosa es el color con el que salen...

Es como un tablero de parchís... no sé si conocerán el juego. 
Así cada individuo han de encontrar el destino de su color y agruparse con el resto de individuos de su color. La forma de llegar a su destino, que llamamos "casa", es la toma de decisiones.

Se trata de un laberinto multinivel, con miles de bifurcaciones en las que se tiene que elegir entre una opción u otra, guiando así su propio destino. 
Obviamente se puede llegar a distintas "casas", y muchos de ellos piensan que, cuando han llegado a una, han ganado. 
Pero si en la casa, las personas que ya han llegado, si es que han llegado, no son de su mismo color,
entonces tenemos lo que llamamos "falso destino". 
Algo así como "Tus decisiones te han llevado a otro color distinto del que las máquinas pensaban que eras"

Insisto en que el color con el que ellos se identifican es el gris. Solo cuando dos o más homocromos (los de su mismo color) llegan a "una casa", los colores se desvelan. Llegados a ese punto, toman su color de origen. 

De esa forma es muy fácil para nosotros y para ellos diferenciar el éxito del fracaso.

Se dan situaciones muy curiosas, que son las que estamos estudiando ahora. 
Por ejemplo se ha dado el caso de personas que llegan a un destino correcto, correspondiente con su 
color, pero no así sus homocromos. Por tanto están "solos en casa".
Ese caso en particular nos parece muy interesante, porque entonces las personas en ese estado casi siempre piensan que se han confundido. Y, o bien vuelven para atrás eligiendo cualquier otra cosa en las bifurcaciones, llegando lamentablemente siempre a "falsos destinos", o se quedan sin agrupar, solos. En cualquiera de los dos casos, estamos hablando de fracaso.

Luego está el caso en que dos o más homocromos llegan a una casa, que no se corresponde con su color: los azules están agrupados, pero han llegado todos a la casa verde. En ese punto decimos que las mindmiches han hecho un buen trabajo y que nosotros no hemos sabido ponderar correctamente el laberinto de decisiones.

Por otro lado está el caso en que un individuo llega a una casa de otro color, pero decide quedarse.
Ese es uno de los hitos más interesantes del experimento: saber si serán capaces de modificar su color, mutando al color predominante en el destino, o si por el contrario saldrán de ahí buscando otro camino. Con eso queremos demostrar que en todos los distintos grupos de homocromos se cumplen las mismas proporciones de personas adaptables, o conformistas, como lo quieras llamar, y se distinguen de lo que llamamos estandartes.
Los adaptables son nuestro "mercado target".
Los estandartes nos darían una idea de qué nuevos productos deberíamos crear para cumplir con sus necesidades.
Es curioso que, si hiciéramos una encuesta previa, los individuos raramente sabrían el color que tienen.
El "camino" es bastante largo, y tiene muchas bifurcaciones, por lo que es comprensible que en un determinado momento haya personas que se queden en un destino, incluso cuando su color no coincide para nada con los existentes.
Incluso cuando la adaptación sea difícil o fallida.
Es muy complicado para un naranja, coexistir con un azul, y hemos visto casos en los que, de tantos
intentos de adaptación, las personas se quedaban en estado gris incluso en el caso de estar su propia "casa".

No hay muchos que tengan el coraje, vamos a llamarle coraje, de volver a salir por la puerta y buscar de nuevo un camino y seguirlo en pos de la verdadera integración. 
Hay algunos que se quedan en recovecos, o van de bifurcación en bifurcación, en bucle. 
Después de un tiempo determinado, los sacamos del experimento, también, como fallidos.

Esto sería a grandes rasgos el experimento. 
Por supuesto en el dosier podrán ver toda la casuística que se ha dado durante el tiempo del experimento.

Silencio. Bohmar no temía nada. Era un experimento normal como cualquier otro.

- Por cierto ¿cuánto tiempo llevan de experimento?
- 32 años

Silencio

- Entiendo

En la cabeza de Bohmar, una especie de cortocircuito le provocó un pequeño sofoco, pero no sabía localizar donde estaba el fuego.
No fue el caso del auditor jefe. Que anotó de manera privada aquel dato.

De esa manera el doctor Bohmar fue interceptado pasadas dos semanas para su procesamiento.

El dato de los 32 años había sido decisivo para el auditor para saber que el doctor había mentido. La tecnología de simulación de comportamiento humano era una técnica relativamente nueva que se había implantado hacía escasos 22 años, cuando se consiguió la persistencia de metaconsciencia en las mindmiches.
Ademas, había anotado la frase "De esa forma es muy fácil para nosotros y para ellos diferenciar el éxito del fracaso." Le había parecido interesante que los objetos de estudio también manejaran esos conceptos, puesto que entonces el experimento no era completamente aséptico.

En la realidad el experimento se estaba realizando con personas físicas, conectadas a RV, perdidas en un laberinto, viviendo una vida que nada tenía que ver con la realidad.
En la que solo existían pasillos, salas de colores y seres grises. En la que las decisiones del día a día estaban
arquitectónicamente descritas por paredes. En la que los problemas eran corredores sin salida, donde sólo valía dar la vuelta y proseguir. En la que la felicidad significaba verte rodeado siempre por un mismo
color.

Tiempo después se supieron los motivos del profesor: amante de la música y el arte, fue destinado por el error (o un virus) de un CCH a un grupo de pertenencia que le hizo tener que adaptarse a la rectitud de la ciencia y la tecnología y olvidar su maravillosa sensibilidad y ternura para arte. Esas lucha interior le llevó a realizar una bonita sonata para un solo instrumento: el primer "jugador" en su laberinto fue el psicomatemático jefe que programó las mindmiches que encerraron al doctor "el la casa del color erróneo".




lunes, 3 de febrero de 2014

Hijos a la carta

Llevaban ya varios meses con la autorización regularizada de procreación y educación encima de la mesa, y con cientos de catálogos online por estudiar y contrastar.
Ella estaba tan emocionada por la noticia que me pareció que siempre había querido "tener" un hijo solo para pregonarlo y festejarlo, como si lo que viniera después pareciera intrascendente.
Él por su parte, tan a juego, tan bien combinado con ella, lo quería para poder tener otra "cosa" que solo estuviera a disposición de algunos.
Tener un hijo, aunque no fuera al modo de las reservas, al viejo modo, era un lujo que muy pocos se podían permitir.
Yo, por mi parte, estaba convencida de la magnitud de lo erróneo de esa decisión, y simplemente esperaba, muy entusiasmada porque, aunque lo veía como una aberración, sería un nuevo juguete para mi, sería una nueva experiencia de las que, como dicen en las nuevas olas de información, no se puede sentir desde una consola.
No sería exactamente su hermana, ya que yo simplemente era un juguete comprado por ellos, pero me sentiría como tal.
Al fin y al cabo a mi me utilizaban como otra muestra de poder: era una muerta de hambre de un nivel muy inferior al suyo y ellos recurrieron a lo que llaman altruismo productivo para darme cobijo y amor, lo que se puede traducir a una buena conexión a un RV, la suscripción a varios deportes online, avatares variados, comida, agua, oxígeno de calidad y luz solar tratada: es decir, lujo.
Mi cambio de vida fue una bendición, pude dejar de tomarme esos preparados asquerosos para el procesado de calcio y otras sustancias que los habitantes de los túneles necesitan como el limón los marineros del viejo mundo.
Eso ya era agua pasada, ahora podía tener lo que nunca imaginé que hubiera podido desear, y mucho más.
Y dentro de poco, un nuevo miembro de la familia.

Ellos no lo sabían, pero en una partición pequeña y protegida de mi cerebro, albergaba un odio intenso e irracional contra ellos.
Odiaba el favor que me habían hecho.
Odiaba deber algo a los que todo lo tenían.
Pero nunca lo dejaba salir. Estaba celosamente atado por todas las cadenas de displicencia y cerrado con un candado de cordura y supervivencia.
Pero ese trocito de mi empezó a vibrar cuando me enteré de la noticia...

- querida, al fin ha llegado, debes tener la confirmación tu también en tu consola, ahora tenemos mucho trabajo por hacer
- oh! no puede ser! no puedo ser tan feliz! al fin mi propio hijo
- de verdad que quieres que sea un chico?
- oh, no me hagas dudar ya en el primer formulario, son por lo menos 70 de ellos, si estamos así con la primera opción, no quiero ni pensar cuando nos toquen las 'habilidades cognitivas', o la selección de oyuelos, o la predicción a futuro de la forma de su pelo y el color de su futura barba, será imposible si no nos ponemos de acuerdo en las cosas más básicas
- bueno, tu verás, es tu regalo, yo solo quiero que porte al menos el 34% de mis genes ancestrales
- oh, querido, que vanalidad... a saber lo que tiene ese 34% que podamos aprovechar

la conversación era siempre así.
Los niños por encargo son un dolor de cabeza para muchas familias adineradas que se pueden permitir aumentar la población.
Como retorcida analogía, las clínicas les dan nueve meses para seleccionar todo el perfil físico y psicológico de su descendiente. Luego toman un porcentaje de los ADN de todos los representantes de la familia (o de los que paguen la cifra concreta en heliovoltios a futuro) y generan el bebé que nace con lo que antes sería aproximandamente 6 meses tras un supuesto parto.
Las madres no los llevan en sus vientres, ni ellos crecen a una velocidad natural. Pero resultan perfectos.

Perfecto: así querían a mi "hermanito".

Yo no quería odiarle antes de verle, antes de conocerle, pero era inevitable para mi.
Me convertiría el objeto de comparación más morboso: la niña del subsuelo contra el ser de perfecta creación. Yo no necesita el amor que ellos pensaban darle a él. Yo solo necesitaba no sentirme más humillada. Era lo único en lo que podía pensar.
Así que aquel día, tras nueve meses de customización, mientras estaban conectados a la RV de "perversiones", me introduje en sus consolas.
Encontré rápidamente el enlace a los formularios. Ya tenían rellenada toda la información sobre él.
Tenían la opción de envío marcada para el día siguiente por la mañana, supongo que por eso se habían conectado a esa maldita RV, para celebrarlo.
En los pequeños detalles es donde habían trabajado más: tener alguna peca identificativa, crear algún pequeño tic nervioso durante los primeros 8 años de edad, implantar un módulo de seguimiento que se disolviera con los años, cosas nimias...
En todos los demás apartados habían seleccionado la "opción recomendada".
Entré en el apartado de "habilidades cognitivas y temperamento emocional" y en todas las opciones acompañadas de una señal de alarma, modifiqué los valores, un poco arbitrariamente, sin mirarlas demasiado, solo para que todos tuviéramos al menos un poco de sorpresas en la vida. Lo hice de tal manera que no pudieran detectar nada, puesto que en el slider de "edad de emergencia de la cualidad", puse exactamente mi edad: 14 años.

Ahora tenía un plan genial: tenía que conseguir estar lejos de ahí cuando ese niño encantador y perfecto llegara a los 14 años de edad y empezaran a afilar sus propios demonios, programados a dedillo por aquella que, antes de la fecha indicada, más le querría, sinceramente.
Lejos como para no estar en el radio de acción de esa bomba de relojería, pero cerca como para poder apreciar el rostro sorprendido, por primera vez en sus vidas, de papá y mamá.

jueves, 30 de enero de 2014

Poyéjali !

La Tierra, desde aquí, está desprovista de vida y de almas.
Es solo una esfera azul flotando en el espacio.
A veces se me olvida que hubo un tiempo en que estuve ahí. A veces olvido que ahí me relacionaba con otras personas.
Se me ha olvidado también todos los problemas colaterales que surgen de esas relaciones.
Ahora, solo puedo disfrutar de algunas cosas que, en este estado, son imposibles de explicar.

El proyecto empezó años atrás, estaba fuertemente financiado y tenía objetivos muy concretos para realizar tareas hasta ahora imposibles para los humanos, incluso para los que se hacen llamar posthumanos.
Eso es solo un disfraz. Las tecnologías están cada vez más cerca de nuestro cerebro. Hay mejoras en velocidad o en almacenamiento. Incluso hay mejoras en la estabilidad emocional, aunque sean muy discutibles.
Pero no ha habido un cambio trascendental.
El proyecto de los seres sinestésicos comenzó como resultado de errores en interfaces cerebrales que permitieron, a las personas que los implementaban, apreciar con unos sentidos otras realidades.
Pero fue un fracaso porque no se obtuvo ningún beneficio real, contrastable: útil.
Pensaban que podríamos desarrollar teorías o llegar a "otras intuiciones" a base de forzar nuestro cerebro para multiplexar funciones.
Necesitábamos leyes físicas o una comprensión mayor de lo que era la energía y la materia para conseguir el santo grial de todos los tiempos: los viajes espaciales a otra escala. La conquista del universo, conocido o no.
No funcionó.
En ese sentido, las cosas quedaron por la mitad. Y mucho de los objetos de estudio, entre ellos yo, quedamos capacitados para funciones sinestésicas que no tenían mucha utilidad.
Nos dejaron aislados aquí, en Luna, como para no tener que mirar a la cara a un producto a medio hacer.

Abandonados, nos entregamos a nuestra propia investigación sobre nosotros mismos.
Sólo sobrevivimos tres personas, pero en unión sinestésica, solo somos uno.
Renombramos a esta nueva unidad y al estado que conseguíamos con ella ser metaestésico.
Un día, durante uno de nuestros ineficaces y descontrolados experimentos, cuando éramos uno, nació la Idea.
Recuerdo perfectamente el momento en que pasó, o más bien recuerdo cuando nos reunimos después del "rito", y nos dimos cuenta, que habíamos generado algo nuevo, que solo en ese estado de unidad podía ser entendido: la comprensión de La Idea solo era posible cuando estábamos en estado metaestésico.
Como en un sueño, en el que abrazas una imagen de algo que deseas, y cuando despiertas miras tus manos en posición de estar agarrando algo con fuerza, y ves desvanecerse esa imagen sin control y acabas por aceptar que así tiene que ser. De la misma manera nos era imposible expresar lo que habíamos creado. Pero existe y está dentro de nosotros.
Si pudiéramos compartirlo con el resto de la humanidad, estoy seguro, el proyecto se refinanciaría y volveríamos a ser esos seres importantes que tienen la llave de un nuevo conocimiento en sus manos.

El ser humano aprecia la realidad de una forma algo precaria. A veces ni siquiera lo aprecia.
Si llegas a la cumbre de una montaña, puedes apreciar la maravilla que tienes delante de ti, pero todo el conocimiento no es procesado por el cerebro, dejando sólo lo relevante a "primera vista".
Así, un geólogo es capaz de ver el material del que está compuesto la montaña que tiene ante sí. Si además el hilo (solo un hilo, claro) de sus pensamientos le hace pensar en el origen, se pone a pensar sobre el movimiento de placas, el vulcanismo o los sedimentos.
Un artista, digamos un pintor, quizá vea los colores cambiantes del horizonte y como afectan la perspectiva y la luz. Si además tiene algún conocimiento sobre física, quizá el hilo de sus pensamientos (de nuevo, solo uno) le haga recordar, por ejemplo, el fenómeno de la refracción, y si se interesa mucho por el tema, quizá llegue a la conclusión de que los colores son tan solo las vibraciones de la energía de distintos átomos, que se dispara de sus enlaces y roturas.
Un niño quizá pueda apreciar sin demasiada complejidad el todo que implica la montaña, pueda dedicarse a investigar detalles más concretos y tenga una mirada atenta y más versátil.
Así, en resumen, el hilo único de los pensamientos podrá llevar a cada uno a una experiencia, un significado de la montaña, una idea aproximada y sesgada de lo que representa.

El humano sinestésico ve la montaña con otros ojos, nunca mejor dicho, y puede apreciar otros sabores de toda la información que desprende esa realidad. Así, puede entender con el olor de ese momento conceptos de distancia y profundidad, pueda sentir con los colores cambios de presión y temperatura, y al final obtiene otro tipo de información, a parte de la humana, sobre la realidad de la montaña, pero aún, todavía no de forma completa.

Ahora, intentaré describir de una manera "humana", lo que sentimos siendo el ser metaestésico.
En primer lugar debería decir que nosotros no apreciamos "la montaña", apreciamos la realidad, entera, completa.
Para que se hagan una idea: Si pusiéramos encima de cada uno de los anteriores ejemplos un peso sobre su cabeza que representara la cantidad de información que poseen sobre ella, los humanos tendrían una columna de, digamos, un kilogramo.
Los sinestésicos contarían ya con ese kilogramo de información, y sumarían del orden de otros 5 kilogramos, aproximadamente.
Pero el ser metaestésico tendría el peso total de toda la materia existente sobre su cabeza.
Y casi lo más importante, no hay un hilo de pensamientos, hay un fluido, con corrientes y mareas, que trae y deja distintos factores, detalles, información más o menos relevante, pero estamos sumergidos en todo el mar de información. Nos posee y la poseemos. Realmente no hay una linea de separación entre lo que uno aprecia y lo que realmente es. Tampoco tienes la sensación de ser un observador, ya que eres continente y contenedor.

En estado metaestésico, cuando somos uno, comprendemos el pasado y el futuro como una sola cosa, una entre tantas.
Apreciamos la simplicidad desde los ojos del niño, sentimos la belleza con las entrañas del artista, entendemos la realidad con la mente del científico. Es difícil de explicar.
No nos podemos mantener mucho tiempo en ese estado. Nuestro cerebro fue adaptado de manera artificial y ha evolucionado de manera inesperada, pero aún así los consumos de glucosa y la actividad electrocortical nos deja exhaustos, casi moribundos.
Cuando salimos del estado de metaestásis nos miramos largamente a los ojos y no entendemos muy bien
porque estamos infrasensibles, vacíos, desconectados.
Yo y mis dos alas.
Volamos alto, muy alto, pero el combustible de nuestros motores se consume pronto, y rara vez conseguimos traer en nuestro equipaje algo que valga la pena.
Solo el estado de absoluta felicidad y paz, durante décimas, o milésimas de segundo. Luego una sorda nostalgia.

Pero una de las veces, algo estalló en nuestras caras: La Idea.
La Idea nos poseyó y se quedo en cada uno de nosotros, pero como un puzzle, como una clave asimétrica: no podemos exprimirla, o describirla, o compartirla a menos que estemos en comunión con los otros dos.

Días después, cuando conseguimos recuperarnos, hablamos sobre ello como si se tratara de una entidad con vida.
La Idea estaba ya entre nosotros pero no podíamos recordar su rostro.
Decidimos entrenarnos para conseguir estar el máximo tiempo en aquel estado, y mientras tanto tener cierto control sobre nuestros amorfos y deshumanizados cuerpos para tratar de plasmar lo que entendíamos.
Investigamos por nuestra cuenta algún sistema de alimentación cerebral que pudiera mantenernos vivos durante el trance.
Aquí en Luna tienes pocas personas a las que puedas pedir ayuda, pero reprogramamos algunos androides para las labores básicas.
No estábamos seguros del resultado de esta apuesta.
Sólo sabíamos que ya no tenía sentido seguir si no era por aquello.
Solo la Idea.
La Idea era el motor, el objetivo y la excusa de nuestra existencia.

Nos entrenamos durante algún tiempo, con cortos periodos de metaestésia, para que de manera autónoma pudiéramos mover alguno de nuestros miembros adaptados para realizar cualquier acción que nos diera pistas, que conectara la enorme brecha entre un estado y otro. No era posible de otra manera ya que nuestra mente ya no existía como tal, y no era posible fijar recuerdos o abstracciones.

Hemos hablado mucho sobre nuestro viaje.
Sabemos que puede ser sin retorno para alguno de nosotros. Pero la conexión que hemos creado entre nosotros era muy potente, muy humana, y yo al menos, siento mucho miedo.
La idea de unidad ya se ha alojado en cada uno de nosotros y sabemos que si alguno de los tres falta, no podremos soportarlo.
Es una puerta por la que solo se puede salir.
Una caja negra de la que intentamos sacar algo de luz.

Hoy es el día.
Antes de la hora prevista, avisé a mis alas de que saldría por mi cuenta a una de las esclusas-mirador.
Veo la tierra desde aquí.
Me pregunto si hay alguien ahí que pueda estar pensando en lo que estábamos a punto de hacer.
Me pregunto qué hubiera pasado si hubiéramos conseguido parir La Idea.
Me pregunto si con eso podríamos haber solucionado muchos de los problemas que aquí, con perspectiva, se ven mucho más claros.

No puedo separar mis ojos de la Tierra.
Nada me une a ella más que la sensación de haber sido, en algún momento, un miembro de una de las especies que la pueblan. Bajo mis pies, a centenares de metros, se encuentran mis alas, pero aquí no me sirven para nada, aunque fueran lo único que me mantuviera con vida.
Me preguntó también que sentirían ellas, a parte de decepción y pena, si pulso el botón de purga ahora mismo y salgo despedido sobre todo este océano de información que me rodea.
Estar tan cerca de todo, integrado de verdad, en un estado, y  luego volver a alejarte ,en otro, te corrompe por dentro.
La Idea dejó un trémulo rastro de inhumanidad en mi...
Me pregunto si ellas ya estarán tumbadas en la piscina sináptica, y si habrán notado el extraño olor a acetilcolina mezclada con cloro y azufre que ordené a los androides que preparan.
Es posible que ellas ya estén muertas.
Eso es lo único que espero con el único brazo humano que me queda sobre el botón de purga.
Quiero estar contenido en ello.
Quiero volver a sentir de nuevo la sensación de que todo me abraza.
Pero después no quiero volver.
No quiero.

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Poyéjali !

lunes, 27 de enero de 2014

Relato 12.0



-Eh!
-¿Que quién eres tú!?
-¿Por qué cojones me has desconectado??

-¡Contesta!
-¿Quién coño te has creido? 

<Tag >¡Qué hago ahora con esto! ¡Qué hago con este cuerpo maltratado! 

-¿Tú? ¿Que confundes antología con coprofagia? jaja.


¡Déjame! ¡Sábes por lo que fue!

¡No! no fue por el tiempo! ni por el calor! y mucho menos por ese estéril pragmatismo conductista!,... era por toda la desidia que ya impregnaba el moho que se volvía pegajoso en las paredes!

No podía evitar llegar a mi habitáculo y pesar una tonelada. Hundirme contra el suelo en un fango oscuro y rebosante, aquel zulo era el rincón más extremadamente agotador de cualquier vertedero de ciudad. Siempre, siempre, siempre sé que coño me pasa, …
Me miro al espejo, ¿lo ves? Es el puto mono, otra vez, ¡el mono! Necesito probar y atravesar los sentidos, otra vez tengo el mono de respirar esos malditos isótopos fluorescentes sin que nadie me mire!
¡¡Vaya mierda!! ¡ Todo el día quejándose! Solo digo que lo suficiente es más que lo innecesario, porque ya era innecesario mucho antes de ser insuficiente. Y gritas, y comes como un cerdo, mientras emanas putrefacción deseosa de nada. Solo eres otro ruido insidioso contra el mundo.

¿Y qué hago?? ¿Y que más puedo hacer?? ¿qué coño más puedo hacer, si soy una puta yonki de la indiferencia?
Podrías haber despegado mis planos musculares con el espacio de tus dientes más de cien veces, y arrancarme el pelo, las uñas y los huesos , pero a ti solo te preocupaba si conectaba el puto panel para hacer el amor.
¿Aún me preguntas por qué me siento vacía?

Cerré la puerta de un fuerte golpe, el eco atravesó el polvo, no sé si alguien lo oyó, pero esta vez nadie preguntó.
La tenue luz iluminaba las superficies oscuras creando curiosas ilusiones ópticas. Siempre me había resultado paradójico que cuanto más desciende el sol, más bello es el atardecer y más larga es la sombra que proyecta.

Todo estaba en silencio, todo estaba tranquilo. 
Pero yo era ruido , ruido , ruido, y cada vez MÁS ALTO!!
Sujeté el marco con las manos por el lateral.
Golpeé seca y fuertemente mi cabeza contra el espejo.
Se rompió en más de mil pedazos, fue un golpe duro y limpio, aún mantenía las manos temblorosas cuando levanté la mirada , la sangre caía por mi frente hasta pasar por mi boca, deslicé la lengua entre mis labios y saboreé cada milímetro de cada coordenada sangrada en mi piel, era viscosa, caliente y metálica.
A veces, algunas veces... creo que ya no tengo existencia, solo duración.

Dicen que esnifé los pedazos de cristal buscando placer, acaricié cada arista afilada de cada grieta presionando mis dedos jugando con la leve isquemia dirigida, lamí la sangre hasta hacerla invisible al ojo humano... o tal vez no.
Por lo menos había conseguido rellenar unos minutos.

¡Mírate! ¿Ahora qué?!
¡Ya estabas bien!

¿Ahora qué??

¿Ahora? Ahora me voy a dejar flequillo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Relato 11.0

[laebe]-Pues al desconectar aquí vamos a las oficinas y a prender fuego a todo! MAtamos a todo el mundo y vemos que ocurre después, Jajaja. SI! hagamoslo hoy y saldrás de dudas. NO OCURRIRÁ NADA. Todo parece tan grave.. y es todo como esta simulación!! Es ... mentira.. al menos un poco mentira, ya sabes.

[ONE]-Matarlos a todos?! Que No ocurriría nada??? ni de coña Laebe. hace cuanto que no vas al HealthDot ? Todo lo que dices es tan absurdo y  Ser reintegrado por el método "recapacitación precognitiva" es lo que a TI te hace falta, Mierda, yo NO necesito esto, es peor que morir... tus recuerdos en TU NUEVA PERSONALIDAD... el fin. nadie trata con alguien así.. no pueden usar ni los CCH!! Estás claramente jodido.   Ni siquiera entiendo eso de "poner fuego".. Que es "fuego", ¿es una palabra inventada de esas que te sacas de la manga? ¿otra de esas cosas que ves en la "otra realidad"?!

El tono burlón de OneG  no es capaz de ocultar que esta cagado de miedo. Siempre hablando de transgredir el limite de la percepción y de "ir más allá" y conseguir recursos para algún AltPrecogn antiguo y  modificado que le permita alguna libertad o ventaja frente a las Mindmachine básicas, "engañar" a algún firewall sobre tu identidad, permisos o borrar algún registro de acceso a alguna memoria ajena... OneG sabe que lo que tengo es "the real thing", mierda de un nivel desconocido para el, un pseudotransgresor de hace dos temporadas, adicto a las rarezas de ayer y las novedades controladas, se va a cagar encima, realmente se le soltaran todos los esfínteres de cuerpo y mente y ríos de neuromierda y mierda de la otra le correrán por dentro y por fuera. Eso va a ocurrir hoy. será divertido de verdad.

[laebe] - Pues vamos a matar a rechazados entonces! les enchufamos a una cosa de estas y les freímos el cráneo - Hago aparecer una pinza espinal en la mano de mi Roleshape, a OneG le encantan estas simulaciones ilegales -    Confía en mi. No va a ocurrir nada. PODEMOS controlar esta realidad. Luego podremos volver y engancharnos a cualquier otra cosa.  SABES que es cierto. Tus precogn modificados no me detectan una sola mentira y tu siempre dicen que no fallan nunca.. Luego podemos intentar algo más sofisticado que matar. Tengo algunas ideas.
[ONEG] - Otra vez con la psicomagia ..vale, si, lo que sea  ¿Cómo pasó entonces, dónde? Estás seguro que no te ha entrado un troyano en el precognitivo ? a lo mejor es publicidad METAviral de una nueva experiencia simulada de la HBO !!. Es cierto que mis módulos no detectan nada anormal en ti y eso que has dejado puertos abiertos para que pueda cotillear tus propias sentencias Precogn pero eso no me da MÁs confianza en tu historia. Sigo pensando que has sido bien hackeado y ahora tienes ese patético discurso sobre la "realidad paralela" y el tío calvo y las pastillas de colores. Aun lo de la otra realidad tiene un punto.. pero hay que ser gilipollas para creerse lo del calvo y la pastilla roja.

El tono burlon ... Gilipollas si.. por eso no te despegas de mi ,,  y si, creo que va a ser hoy porque estás muy pesado y muy asustado y podrías reportar algo sospechoso o hacer alguna consulta sobre algo que hiciera saltar alguna alarma en alguna parte. Algo que pueda provoque algún "glich" en la matriz de coherencia .. como consultar sobre lo que es el fuego... joder, no debí mencionarlo, "aquí" no hay fuego.

lunes, 20 de enero de 2014

Relato 9.0



Bárbara me dice que hace semanas que no activa el panel cuando hacemos el amor. Dice que no sabe muy bien por qué lo hace, pero que cree que es mejor así. Se siente vacía, esa es la palabra que emplea, vacía. Dice que se excita siempre, se corre siempre, que los orgasmos son intensos, maravillosos, pero después, no sabe bien, no acaba de entenderlo, se siente mal, desvalida, dice, extraña. 

Se mueve elegantemente. En la definición física fui muy preciso, pero no en el sentido de colores, volúmenes o formas, sino más bien en lo intangible. Conozco bien el sistema, mi trabajo me permite sacarle todo el partido a los motores de búsqueda, a las montañas de datos de referencia. La mayoría de la gente se queda en lo esencial, sus conceptos de belleza son muy básicos. Ojos, labios, pechos, curvas. Yo siempre supe que había algo más. Angulos, evanescencias, ondas, sombras. Huellas complejas, como el hueco que deja una cabeza en una almohada, o la pausa infinita que se forma cuando se cierra lentamente una puerta detrás de alguien que se marcha. 

También sé que no debo prestar demasiada atención a estas cosas. Quería alguien que estuviera por encima de esos vaivenes emocionales, alguien que no pusiera en duda constantemente lo propio y lo ajeno. Ella es así, conozco bien el sistema, sé bien cómo alimentarlo y el sistema es infalible. Al fin y al cabo ella también me buscó, y también sabía cómo hacerlo. Yo soy como ella quería que fuese. Hoy tenía algo que decirme y me lo ha dicho. Cinco minutos exactos, palabras directas, concisas, sin dramas ni aspavientos. Ya no activo el panel cuando follamos. Bueno, no sé qué decir, es una suerte saber que no tengo que decir nada, así es cómo la quería, no tengo que consolarla, se le pasará, no tiene importancia. Volverá a utilizarlo si lo echa de menos. Y si no, pues no. Otros, como el mismo Jonás, hubieran preguntado más, habrían intentado consolar y averigüar. Incluso le dirían que la quieren, o que la aman. Utilizarían esas palabras que ya no significan nada, de tanto utilizarlas gente incapaz de comprender su verdadero significado. 

Arquea el cuello cuando termina de hablar y se levanta de la mesa. Sin esperar una respuesta se aleja lentamente, caminando hacia el dormitorio casi de puntillas, como si flotara sobre el suelo de madera. Vuelve la cabeza sin mirarme, no veo sus ojos cuando se aleja. Por contra, el leve movimiento de su cabello deja al descubierto una nuca acristalada, nácar y argenta. Bárbara es suave en sus formas exteriores, apenas pesa en el contacto, es elegante al hablar y al estar. Por dentro es profunda y brillante, alguien que ve más allá, por encima y por debajo de lo que ve esa plebe ciega a la que el Centro de Conexiones Humanas busca un consuelo gris, por medio de alguien de buen parecer y buena apariencia que satisfaga sus cortos deseos. Su cultura, su curiosidad, su conciencia de las cosas, todo es infinito en ella, todo lo que pedí se concentra en esa delgadez y en ese rostro vivaz y luminoso. Es el sueño que jamás pensé que se cumpliría cuando introduje las coordenadas precisas para encontrarla en un mar de miles de millones de perfiles inútiles.

Vacía. 

No quiero reproducir la conversación una y otra vez en mi cabeza, es un proceso sin salida. No sé por qué, tal vez flota en el aire por lo que hablamos antes, tal vez lo he hecho conscientemente, pero el aguijón implantado en mi cabeza desde que cumplí los once años comienza a inocular testosterona y oxitocina a mi torrente sanguíneo. La deseo repentina y furiosamente. Mientras me convierto en cuerpo vagamente pienso si su panel se habrá activado, pero enseguida el contexto se desfigura, y es mi propia presencia la que invade mi voluntad. 

Después, Bárbara abre los ojos y me sonríe. Me besa en los labios y se levanta al cuarto de baño. Sé que ella no quiere que le pregunte y ella sabe que yo no quiero preguntar. No tengo que decirle que la amo. Ella sabe.

Antes de que vuelva recompongo las sábanas y me estiro debajo de ellas. Me conecto a Neus Vitta a través del panel. Tengo activos un par de escenarios. En uno de ellos soy un patricio romano con cargo de legislador en la provincia de Britannia. En el otro llevo un cargero espacial a través de los diferentes mundos del universo conocido y del imaginado. Esta última me empieza a aburrir. No hay un filtro efectivo que limite la entrada y ya hay superpoblación de naves y de personajes. La multitud siempre es excesiva y poco estimulante. Me gusta más llevar la toga y juzgar a los plebeyos. Su ignorancia y su falta de sustancia es más evidente aquí.

Dudo si conectarme a Roma antes de que vuelva Bárbara, o esperarla. Ella solía viajar por Neus Vitta antiguamente, era un aliciente extra barajar la posibilidad de encontrarnos en alguno de los mundos virtuales, con aspecto y con sexo diferente. Las posibilidades de esos encuentros eran emocionantes. Pero hace ya algunos meses que canceló la suscripción, y realmente no sé si alguna vez llegamos a encontrarnos. 

Decía que le aburría. No sé, por mi parte no concibo que a nadie le pueda aburrir algo como Neus Vitta, con tantos escenarios y vidas diferentes por explorar. Tal vez, en el caso de los plebeyos que ejercen de plebeyos y que viven sus vidas tan insignificantes dentro como fuera. Pero me da la impresión que ni de eso se dan cuenta. Los diseñadores del programa fueron muy inteligentes introduciendo la premisa de que se pudieran mejorar las condiciones de vida virtual en función de la inversión que realiza cada jugador. Cuanto más pagas mejor posición social y económica en el mundo que elijas. Indudablemente es una estrategia comercial lógica, pero tiene el peligro que los usuarios de menos recursos no quieran revivir sus vidas mediocres en el entorno virtual y lo abandonaran. Todo juego de ajedrez necesita de peones. Lo curioso es que nunca han faltado labriegos, herreros y gladiadores en la Roma antigua, aunque sea más atractivo pilotar una nave espacial por muy utilitaria que sea. 

Del otro lado de la puerta del baño viene el gorgoteo de la ducha. No merece la pena que la espere. Así que cierro los ojos y pongo en marcha el juego. Antes de que me envuelva la piedra labrada y la rudimentaria mampostería alcanzo a discernir que no comprendo a qué se refiere bárbara con lo del vacío. Yo sólo siento algo como un manto de calor, una sensación de calma y de satisfacción. Tengo todo lo que quiero. 

El  día amanece en el siglo II. Como muchas otras noches me quedo dormido soñando.

O - O

- ¡Pues no me dice anoche que quiere aprender jardinería!. Jardinería, nada menos. A ver de dónde narices saco yo ahora macetas y tierra para plantar. Me pregunto si todavía se venderá de eso en algún sitio. Va a acabar volviéndome loco. La verdad es que no entiendo nada, colega.

Ver el redondo cabezón de Jonás aparecer todas las mañanas por encima del rectángulo perfecto de mi terminal es algo a lo que no consigo acostumbrarme. En un sistema de funcionamiento tan perfecto como el del CCH hay un par de cosas que se escapan a mi comprensión. La primera es por qué nos siguen obligando a venir a trabajar a un espacio físico cuando todos podríamos perfectamente hacerlo desde el propio panel, sin necesidad de desplazarnos, en realidad ni siquiera con la necesidad de estar despiertos. Está demostrado que la interactuación mejora la productividad, dicen, que se evita la toma de decisiones aisladas y poco contrastadas. También que se mejora la salud de la ciudadanía, al obligarle a abandonar la cama y hacer uso de sus facultades físicas.

La verdad es que suena arcaizante, pero en fin, el sistema no suele equivocarse. Ahora bien, ya que me obligan a venir a este sitio, ¿cómo es posible que el CCH, tan experto en las relaciones humanas, cometa errores tan fragantes como juntarme con un pelma de la magnitud de Jonás? Es increible que no se hayan medido las compatibilidades entre compañeros de trabajo en una empresa que vive precisamente de medir tales compatibilidades.

A Jonás le encanta atormentarme con toda clase de comentarios y conversaciones. Es experto en actualidad, algo que detesto, y se empeña en ponerme al día, como suele decir. Me resulta inútil decirle que en el fondo es él quien vive con doscientos años de retraso, pues no creo que pueda comprender lo que pretendo decirle. En todo caso, he de reconocer que de vez en cuando me viene bien que me cuente alguna noticia, sobre todo si ésta me puede incumbir, como modificaciones en alguna de las aplicaciones del panel, nuevas legislaciones o impuestos, o simplemente, variaciones en los servicios de transporte colectivo o catástrofes varias. Lo llevo con paciencia y altas dosis de condescendencia. Incluso que me llame “colega” o “tío”, que eso sí que no lo suelo soportar.

Jonás es mi enlace en La Farmacia. Llamamos así al Departamento de Seguimiento de Aplicación de Detecciones de Fallos de Seguridad. Dicho de otra forma, nos encargamos de rastrear el sistema de posibles recidivas de virus que ya han sido previamente tratados por el Hospital, o Departamento de Control de Ataques Externos. Nuestro trabajo consiste en rastrear las cadenas detectadas por el Hospital para ver si se han podido mantener latentes en algún punto del sistema o han sido definitivamente erradicadas y limpiadas del mismo. 

Es un trabajo monótono, pero tranquilo. No hay mucho nivel de exigencia, ya que es altamente improbable que el Hospital deje pasar algo de importancia, y me permite entretener unas horas que preferiría no tener ociosas. También me genera ingresos por encima del salario básico universal que el gobierno paga a todo individuo trabaje o no, lo que me facilita algunas comodidades adicionales en mi vida diaria y mejora mi deambular por la virtual. En un mundo en el que no es necesario trabajar para vivir creo que tomé una buena decisión al hacerlo. Tengo lo que quiero. El único punto heterogéneo en este aspecto es Jonás, con su hocico inmenso y su verborrea desbocada.

Lo peor es cuando le da por contarme cosas de si mismo. Debería decirle que su vida privada no me interesa nada, pero admito que eso sería romper las normas de la cortesía más elemental y, bueno, digamos que aún puedo seguir soportándole algún tiempo más. Por lo menos tiene la decencia de no alargarse demasiado, y algún carraspeo o gesto de indiferencia por mi parte suele interpretarlo correctamente, y termina por dejarme en paz.

Vive con una mujer, Gladys, a la que conoció, como casi todo el mundo, a través del propio CCH. Debe llevar más de diez años con ella. Ultimamente anda algo preocupado. Encuentra en ella cosas que no esperaba, dice que empieza a no parecerse a la persona que buscaba. Intento decirle que no es muy posible que el centro se equivoque, y que del estudio de su personalidad y su perfil psicológico el programa la detectó a ella como altamente compatible, y lo mismo reciprocamente. Que los gustos expresados de ambos en cuanto a aspecto físico y a apetencias y aficiones básicas habrían acabado el proceso de selección satisfactoriamente. Que Gladys es sin duda la compañera perfecta que podría tener.

- No sé - dice - a mi en la vida se me había ocurrido pensar en plantas y flores, y ahora está decidida a llenarme la casa de esa mierda. Pero, en fin, tal vez deba tener paciencia y ver cómo acaba todo esto.

A veces me resulta enternecedor. Hay días que viene vociferando que le han estafado, que no soporta a Gladys, que no tiene nada que ver con lo que él estaba buscando. Y al rato acaba admitiendo que le empieza a gustar ver los jarrones y los macetas por toda la casa, o se maravilla pensando en que tal plato de comida no tenía ni idea de que le fuera a gustar tanto. 

- Tienes razón . me dice - el sistema nunca se equivoca. El sabía que a mi en el fondo me gustaban esas cosas.

No le hago demasiado caso. Creo que Jonás no da para mucho análisis, creo que su cabeza no rige muy bien, y considero que es un caso típico que justifica el CCH. Sin el sistema encuentro difícil que Jonás hubiera podido llevar una vida medianamente ordenada, con una pareja que le cubra necesiadades básicas. Jonás habría sido un elemento inestable en el mundo pre-panel, un punto antisocial y peligroso.

Pero me acaban aburriendo sus historias domésticas. Afortunadamente el panel no nos deja demasiado tiempo ociosos, y nos va mandando periodicamente varias toneladas de datos para rastrear. La comprobación minuciosa en búsqueda de cadenas víricas es una tarea bastante impersonal, pero tiene a veces su premio, cuando conseguimos detectar algún rastro proteico camuflado en una serie. Entonces tomamos nuestra ración de protagonismo en el Centro, y nuestros implantes bullen de felicitaciones y aplausos.

Por otro lado, el archivo de virus con el que contamos es probablemente el más completo de los que puedan existir en toda la red humana. Contamos con una línea del tiempo claramente definida, y esa evolución histórica de los ataques al sistema no deja de ser un resumen de la historia de la inagotable ansia de autodestrucción del hombre. La necesidad de vuelta al caos es algo tan incomprensible como duradero en la raza humana, y esta se traduce, mediante los virus, en el empeño de acabar con el único sistema que se ha demostrado capaz de acabar con el caos anterior a la existencia de los paneles de información personal. 

Bien es cierto que esta biblioteca de virus sólo se refiere a los que han sido utilizados para atacar al CCH. Los que los grupúsculos antisistema han ido creando para inhabilitar los paneles probablemente serán mucho más sofisticados, no me queda la menor duda, pero trabajar en las oficinas gubernamentales que los combaten tenía un aire militar que no cuadraba mucho con mi personalidad. A los que trabajan en estas oficinas los suelo encontrar de vez en cuando en Neus Vitta, en roles de senadores, grandes generales o, incluso, en el de Emperador (aunque este puesto cambia muy a menudo, ya que se ve sometido a continuos magnicidios).

Aquí sólo guardamos los nuestros, cuya importancia es más relativa, dado que, aunque ampliamente extendido, el uso del Centro de Conexiones Humanas aún no es obligatorio, y se permite a las personas relacionarse por fuera de él. Esto lo hace alrededor de un 10% todavía, con porcentajes de fracaso sentimental claramente ridículos por lo excesivo.  Esta ilusión de libertad de decisión permite que no tengamos tantos ataques, aunque estos se van incrementando constantemente.

Al principio, los virus eran mucho más toscos. Estaban diseñados para borrar perfiles enteros, o todas las referencias de determinada clase. Eliminar a las personas era una estupidez, ya que los usuarios se daban cuenta a las pocas semanas de no recibir notificaciones y reclamaban. Las copias de seguridad reemplazaban rapidamente y el virus era inmediatamente rastreado. Algo parecido ocurría con el borrado de referencias físicas o de gustos, o a los perfiles psicológicos o de personalidad. El sistema detectaba estas carencias como perfiles incompletos y también eran rápidamente solventados los fallos.

Más adelante comenzaron los virus de sustitución. Estos comenzaron a ser más peligrosos, ya que amenazaban con cambiar datos verdaderos por datos falsos. Pudieron ser contrarrestados mediante la generación de un sistema de comparación continua con originales, pero este sistema es muy costoso de mantener y produce ralentizaciones innecesarias en algunos procesos de selección. Debido a ella el Centro se dotó de La Muralla, el Departamento de Prevención de Agujeros Sistémicos.

Los virus de sustitución tuvieron cierto éxito, según se decía hace años, ya que generaron un incremento notable de los porcentajes de fracaso de selección. En realidad, el porcentaje de relaciones fracasadas ha sido inferior a un 5% desde la inauguración del CCH, achacándose este pequeño margen de error a malas interpretaciones y respuestas vagas por parte de los propios usuarios, incapaces, en ocasiones, de describir aceptablemente sus gustos y necesidades. Se contaba que durante los primeros tiempos de los virus de sustitución, antes de La Muralla y del sistema de comparación continua, el índice de fracaso llegó a alcanzar el 15%. Si bien se estima que antes del CCH el procentaje de fracaso relacional superaba el 75%, ya un 15% es un valor demasiado alto para un sistema que aspira a ser perfecto.

El virus que rastreamos ahora es un aleatorio. De alguna manera es el más perverso y el más inteligente de todos. Está diseñado para borrar datos aleatorialemente a lo largo y ancho de todo el sistema. En algunos perfiles borra algún dato físico, en otros psicológicos, en otros de gustos, colores, valores. No sigue un patrón determinado, y además se ha ido refinando con el tiempo. Corre el rumor de que ha sido creado por alguien de dentro, ya que se sospecha que ha sido capaz de burlar el sistema de comparación continua, y si bien El Hospital afirma que hace meses que fue erradicado, todavía nos vemos obligados a rastrear su presencia diariamente en el sistema. 

Todos los días lo mismo. 

¿Te imaginas - dice Jonás, riéndose - que ese puto virus hubiera borrado las aficiones hortícolas de mi chica?

Un escalofrío recorre mi espalda al pensar que tal vez Jonás pueda tener razón.

O - O

Anoche condené a muerte a un soldado en Britannia. Es la primera vez que lo hago, y no me siento nada bien. Se le acusaba de un robo, algo simple, sin violencia y sin muerte. La disciplina es lo que tiene que imperar, así es como lo he pensado, estamos en la frontera, rodeados de bárbaros, no nos podemos permitir estas relajaciones. 

Está dentro del juego. Mis créditos me permiten ese rol, y al alias real del soldado le tocará abandonar este universo y entrar en otro, si puede. La culpa es suya, haber jugado mejor. Pero esta mañana me dolía la cabeza y tenía la sensación de mala noche. Bárbara no estaba, se ha escabullido antes de que yo me levantara, sin despertarme. Debería agradecérselo, ella madruga bastante más que yo, pero me hubiera apetecido verla.

Algo no va bien desde hace unos días. El maldito informe me está removiendo la vida.

Lo descubrió Jonás. Por eso anda tan callado últimamente. Lo descubrió rastreando el aleatorio. Una cadena interna, algo que no habíamos visto nunca, un link escondido en una cadena numérica lo hizo salir. El virus actuaba como una llave que nos llevó a un confidencial del sistema. Nunca sabremos si premeditadamente. Es igual, Jonás lo sacó a flote y me lo envió.

Antes, esa misma mañana, se me había acercado sonriente. 

- Tengo que contarte algo, colega - Hablaba en voz baja, lo cual era completamente absurdo porque estábamos los dos solos.
- No tengo mucho tiempo, tengo que... - pero me lo iba a contar de todas formas.
- Vas a alucinar, tío. Anoche lo hicimos sin panel.
- ¿Cómo?
- Como lo oyes. Estábamos en ello y me dijo, “apaguémoslo”. Yo le dije, “¿lo dices en serio?, sabes que puede ser una decepción”. “No”, me contestó, “llevo meses haciéndolo, y me encanta”. Así que nos lo quitamos y, tío, una pasada. Igual que con el panel. No, mejor.

Todo eso acompañado de una sonrisa idiota, una mirada cómplice que me estaba enervando. Considero a Jonás bastante imbécil, pero desde luego que no tanto como para no saber definir sus gustos y necesidades, al fin y al cabo es un técnico de sistemas tan valioso como yo. Tampoco creo que el programa le hubiera asignado a alguien tan volátil como Gladys. Jonás es más bien de aquellos que mira diez veces antes de cruzar una calle.

El caso es que Jonás estaba encantado con la locura transitoria de su mujer. Yo, en cambio, lo empezaba a ver todo negro. El sistema no se equivoca nunca. Gladys tiene que ser efecto de un virus, Bárbara es lo correcto y pronto volverá a utilizar el panel. Y a querer hacer el amor. 

Pero y si es al revés, y si Bárbara es el producto de un virus y Gladys es lo correcto.

Ahora el informe estaba en mi panel y todo empezaba a tener sentido.

O - O

“CONFIDENCIAL.

A Mr. Tellembaum, presidente de la Compañía CCH, y al Consejo de Dirección. 

Asunto: Actualización de los índices de fracaso relacional.

La tendencia de los últimos quince años ha mantenido los índices estables, con pequeñas variaciones estacionales en meses posvacacionales, especialmente en aquellos posteriores a las épocas estivales en los diferentes planetas y hemisferios. En media, los porcentajes de fracaso registrado, es decir, aquellos con reclamación directa a la compañía, se han movido alrededor del 25% en todo este tiempo. 

Si bien el dato anterior lo consideramos como el único oficial, es interesante también considerar los siguientes aspectos adicionales:

Se estima en otro 15% los fracasos relacionales que no se declaran como tal directamente a la compañía, sino que directamente desaparecen como usuarios del sistema. Se supone que los componentes de tales relaciones se separan como tal y no vuelven a integrarse en una nueva búsqueda. En este sentido, comentar que el porcentaje de personas no adscritas al sistema ha ido aumentando a lo largo del tiempo, cifrándose en la actualidad alrededor del 30%, y no del 10%, como hemos ido haciendo público periodicamente.

Al menos un 5% acaba de manera violenta, lo que incluye asesinato y suicidio.

Finalmente, los servicios de salud psíquica informan de que al menos otro 20% son parejas radicalmente infelices, que se mantienen juntas por la fe que profesan al propio sistema, por la incapacidad de reconocer el error (que siempre sería propio y no del sistema), o por vergüenza social o miedo al fracaso.

La suma de estos porcentajes alcanza la cifra del 65% de fracasos dentro del sistema. 

Deben hacerse tres conclusiones a lo anterior:

La primera es que los porcentajes de fracaso no son significativamente diferentes de los registros existentes de las eras pre-panel y pre-CCH.

La segunda es que tampoco estos porcentajes de fracaso han variado por la existencia activa de virus. Es decir, se considera que los virus no tienen incidencia alguna en el sistema.

Por último, se recomienda fuertemente que esta información se mantenga estrictamente en secreto, ya que el conocimiento público de la misma sería pernicioso para la existencia misma de la Compañía.

Finalmente, se recomienda centrar los esfuerzos en la mejora de los programas de recopilación y de asignación de resultados, con el fin de invertir tales tendencias y reducir significativamente los porcentajes señalados. También insistir al gobierno a que decrete la obligatoriedad de uso del sistema, ya que la voluntariedad amenaza con arruinar la compañía.

Atentamente,

Dr, Thomas Muster, director de El Hospital”

O - O

Jonás lleva dos días sin hablar. Estamos los dos pensativos. No sabemos qué vamos a hacer. Si los virus no tienen influencia en los porcentajes de fracaso es que entonces da igual que el sistema funcione bien o mal. Da igual que exista o no exista. Por tanto, no tiene razón para existir. Si dejamos que eso se haga público el sistema se acaba. Sin el sistema es el caos. El caos no es deseable.

Tampoco sabemos si podríamos hacer que el informe saliera de aquí. Ultimamente tenemos miedo al salir a la calle. Tenemos miedo en casa y aquí. No creo que nos dejaran salir con vida si se enteraran que tenemos esta información. 

Y además, tampoco sabemos si es falsa o no. 

- Creo que lo que más me gusta de Gladys es que va cambiando, va siendo una persona nueva, y me empuja a mi también. Pero yo no sabía que me gustaba eso. - Esta vez me habla sin mirarme, desde su mesa, con la mirada puesta en su terminal.- Creo que es por eso por lo que nunca funcionará el sistema. 

No se si Jonás tiene razón o no. Puede que la tenga en parte. A mi no me gustan las sorpresas, pero es posible que a Bárbara sí.

Aún así, el caos no tiene sentido. No. Nuestra vida tiene que mantenerse. 

Ella es suave en sus formas exteriores, apenas pesa en el contacto, es elegante al hablar y al estar. Por dentro es profunda y brillante, alguien que ve más allá, por encima y por debajo... Su cultura, su curiosidad, su conciencia de las cosas, todo es infinito en ella, todo lo que pedí se concentra en esa delgadez y en ese rostro vivaz y luminoso. Es el sueño que jamás pensé que se cumpliría cuando introduje las coordenadas precisas para encontrarla en un mar de miles de millones de perfiles inútiles.

Y todo se perdería.

No, Jonás, no te lo permitiré.

Debo condenarte a muerte. Hay que hacer prevalecer la disciplina. Esto es una frontera, al otro lado está el caos, la barbarie. 

Tienes que abandonar el juego.

Tengo el revólver en el bolsillo del pantalón. Tomo aire y me incorporo, y empiezo a caminar hacia el escritorio de Jonás. Diez pasos, tal vez doce, y todo habrá terminado. La decisión está tomada y es irrefutable.

El sistema es infalible.

Su redondo cabezón está ya delante de mi, sonriendo. Todavía sigue hablando de su Gladys, de su estúpida Gladys y su vida de mierda. Pobre imbécil, tu absurda felicidad va a acabar con todo. 

Aprieto mi mano sobre el revólver dentro del bolsillo del pantalón. Un zumbido apenas perceptible suena en mi interior. Por el panel la imagen de Bárbara, serena, imperturbable. “Te dejo”, dice. “Lo siento, pero no hay marcha atrás”. La imagen se desvanece. Palabras consisas y claras, sin aspavientos y sin dramas. Lo que quiero decir lo digo y ya está. Ni más, ni menos. Asi la quise. Asi es. No hace falta decir nada más.

Sé que no volveré a verla.

Mi mano se relaja y suelta el metal. Me apoyo en el escritorio de Jonás, incapaz de sostener el equilibrio. Supongo que debo estar pálido, pero él no se da cuenta, nunca se da cuenta de nada.

Simplemente me habla otra vez, sin levantar la vista.

- ¿Qué, colega? - dice - ¿Qué hacemos?  ¿Lo soltamos?

Me sorprendo sonriéndole por encima de su terminal.

Haz lo que quieras, tío.

Haz lo que quieras.